Pardo, el pueblo que inspiró a Bioy, Borges y Silvina Ocampo, cumple 150 años

A 220 kilómetros del AMBA, Pardo -en el municipio de Las Flores-, este 18 de septiembre celebra su siglo y medio de vida.

La estación, el corazón de Pardo, aún ahora que no pasa más el tren.

En la fiesta de los 150 años, el lechón de campo también protagonista.

Este fin de semana, los 200 habitantes del pueblo turístico de Pardo, en el partido de Las Flores, estarán de fiesta con la celebración de sus 150 años, con música, desfiles criollos y, por supuesto, buena comida. Aunque, en realidad, nunca fue fundado.

Pardo creció, como tantos otros pueblos de la provincia, alrededor de la estación del Ferrocarril del Sud, en el tramo que unía Altamirano con Las Flores. La fecha del 18 de septiembre de 1876 corresponde a la aprobación de los planos de la traza definitiva y la toma de posesión oficial de los terrenos de la estación por parte de la empresa ferroviaria; ese día el asentamiento tomó formalmente el nombre de Estación Pardo en homenaje a Lino Pardo, un vecino y hacendado de la zona que en la segunda mitad del siglo XIX, donó tierras de su propiedad para que pasaran las vías y se construyera la parada ferroviaria.

Cuarenta y un años antes, en 1835, un inmigrante francés, Juan Bautista Bioy, le compró unos campos a Lino Pardo -la Estancia Rincón Viejo- que en su mayor esplendor -cuando la administraba Adolfo Bioy Domecq, el padre del autor de “La invención de Morel”, escrito precisamente en Pardo en 1940- llegó a tener más de 3.500 hectáreas.

En Rincón Viejo, a menos de dos kilómetros de la estación, hacia 1937, Adolfito Bioy Casares y su gran amigo, Jorge Luis Borges, se radicaron un largo tiempo para recuperar la inspiración que dio origen a las obras de Honorio Bustos Domecq, un seudónimo que no surgió al azar. Era la combinación de apellidos de antepasados: Manuel Justo Bustos, un tatarabuelo cordobés por parte de la madre de Jorge Luis, Leonor Acevedo Suárez; y Marta Domecq, la bisabuela de Adolfo por vía paterna. Y Honorio, porque les pareció dignamente pomposo. En 1942, Bustos Domecq publicó “Seis problemas para don Isidro Parodi”.

Dos años antes de este genial libro de cuentos policiales y tras siete años de noviazgo, Bioy y Silvina Ocampo se casaron. La fiesta fue en Rincón Viejo, por supuesto. y Jorge Luis fue el padrino, por supuesto.

En esa estancia Bioy comenzó a escribir “La invención de Morel”; Borges lo cita en uno de sus grandes cuentos, “El Sur”; y Pardo aparece en “Viaje olvidado” y “Autobiografía de Irene”, dos libros de Silvina Ocampo.

La huella de Adolfito es uno de los atractivos de Pardo, a poco más de 200 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires.

El Museo y Biblioteca Adolfo Bioy Casares es el corazón del recuerdo literario. Se encuentra en el histórico edificio de la Estación de Tren a la que el escritor llegaba desde Buenos Aires.

El Centro Comunitario y Cultural “Lo de Bioy”, frente a la plaza, es el lugar para talleres, exposiciones y actividades artísticas.

Fuente: Agencia DIB

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