El partido se transforma en el nuevo foco de la pelea peronista, mientras Karina lanza la carrera libertaria

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    El 8 de febrero cierran las candidaturas para la elección en el PJ bonaerense. Del acuerdo o la pelea entre Kicillof y Máximo Kirchner se derivarán impactos institucionales fuertes. Karina Milei organiza un congreso provincialde LLA. Dará rienda suelta para que quienes quieran competir por la sucesión de Kicillof, comiencen a caminar.

    Aunque es probable que no figure en la conversación pública, Axel Kicillof y Máximo Kirchner insumirán el tramo inicial del verano en el intento de resolver la puja por la conducción del PJ bonaerense: es un primer test de que servirá para calibrar el impacto institucional de una pelea que puede complicarle al gobernador el manejo de la Legislatura, y por ende el destino de iniciativas política muy candentes, como la rehabilitación de la relección indefinida de los intendentes o la renovación de la Corte.
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    Cuando se trazó la hoja de ruta para la renovación del PJ, la fecha que llamó a atención fue del 15 de marzo, día en que se realizarán las elecciones. Pero en términos políticos, el 8 de febrero es más significativo: en esa jornada se presentan las candidaturas y se sabrá, por lo tanto, si hubo o no acuerdo para la unidad. Es decir, si Kirchner, que actualmente es presidente del partido, será finamente enfrentado por un candidato que corra con el aval del kicillofismo, o no.
    La puja no será sencilla poque hay en juego más de lo que parece: en el cristinismo entienden la estructura partidaria como un activo de cara a la posibilidad de pelear por la sucesión de Kicillof en 2027. Por eso, han dejado trascender que están “más que dispuestos” a conversar un esquema de unidad. Eso sí, con su líder renovando la presidencia. El problema es que esa misma centralidad hace sonar tambores de guerra en el MDF. La vicegobernadora, Verónica Magario, hizo un discurso comentadísimo para fin de año en La Matanza, en la que llamó a dar la pelea interna. “La Matanza aporta los votos, queremos el PJ y que Axel sea presidente”, dijo, secundada por Fernando Espinoza. Ella misma es pre candidata al partido, pero también se anotan otros intendentes para esa silla.
    La resolución de esa controversia tendrá, todos los actores partidarios coinciden, incidencia institucional más allá de la disputa partidaria. Y eso porque si hay acuerdo, será un antecedente para intentar una convivencia menos traumática en el peronismo. Pero si no lo hay, el clima podría volverse irrespirable, empezando por la propia cámara Alta, donde hoy el cristinismo está en guerra con Magario por el control de la estratégica vicepresidencia del cuerpo, tercer casillero en la sucesión de Kicillof.
    Sin el acuerdo del kirchnerismo, y de sus (por ahora) aliados del massismo, Kicillof podría ver convertida a la Legislatura en un atolladero para sus iniciativas: sumados, los legisladores que integran esos dos sectores, tienen una especie de poder de veto que transforma la mayoría nominal de las bancadas peronistas en poca cosa. Y aunque el gobernador cree haber resuelto el frente financiero con el endeudamiento, en términos políticos necesitará esos votos.

    Carlos Bianco, el influyente ministro de Gobierno, dio una de las claves en lunes pasado, en la última conferencia de prensa de 2025: admitió que insistirán con una ley para revertir la que limitó a dos los mandatos de los intendentes. Es una cuestión crucial, porque se trata de una demanda del sector político que sostiene su proyecto presidencial, sobre el que intentará apoyarse para avanzar, desde el mismo febrero, con una expansión hacia el resto del país.

    La Corte es el otro impacto institucional posible. El máximo tribunal de la provincia viene funcionando -cómo puede- con tres miembros, Hilda Kogan, Daniel Soria y Sergio Torres, cuando su diseño prevé siete sillas. Hasta ahora, fue la “joya de la abuela” que el gobernador no quiso negociar. Pero después de la transacción por el directorio del Banco Provincia, Kicillof cree que el primer semestre de 2026 es el mejor momento para intentar completar esas vacantes, para las que volvieron a circular nombres.

    Si es cierto que hay inventivos para avanzar en un acuerdo, también es verdad que lograrlo no luce nada fácil. Y no solo porque, como hizo explícito Magario, un sector del peronismo no quiere facilitar ninguna definición que encamine al camporismo como un sector mejor posicionado que otros en el PJ para discutir la sucesión bonaerense. En San José 1111 también están duros: dicen por caso que devolverles a los intendentes la “re” indefinida es darles “un salvoconducto” a futuro que harán valer caro.

    El clima, por otra parte, sigue siendo tenso en los territorios. En las escaramuzas en Quilmes y Lanús, a las lógicas disociadas de los intendentes y los referentes de organizaciones sociales que hicieron estallar los conflictos hay que sumar las versiones que ellos mismos difundieron sobre su utilización en la interna del peronismo. Ahora, hay que sumar el caso de Morón: la protesto fue-un poco- menos explosiva, pero otra vez hubo acusaciones cruzadas, en este caso del sector del intendente (Lucas Ghi MDF) al de Martín Sabbatella (cristinismo).

    Karina vuelve a activar
    En el mundo libertario, la discusión también es interna. Pero, aunque hay tensiones, allí las coordenadas son otras: lo más destacado parece ser el congreso partidario de La Libertad Avanza de la provincia de Buenos Aires q ue viene organizando Karina Milei. Ella fue la primera en hablar de la necesidad de una reelección de su hermano, el presidente Javier Milei, y esto sería un segundo paso: reordenar un territorio donde LLA necesita, de mínima, una muy buena elección para ganar la nacional.

    Una primera intervención de Karina, más allá de poner en orden algunos distritos donde, sobre todo a nivel de los concejos deliberantes las pelea con PRO y el armado de listas dejó cicatrices, tendrá que ver con liberar la pelea por el poder bonaerense en 2027. Una suerte de carta blanca para que todos los que tengan un proyecto de poder para quedarse con la gobernación. Es una lista en la que habría que anotar, además de a Sebastián Pareja, al ministro del Interior, Diego Santilli y al intendente (en uso de licencia) senador (ídem) y posible funcionario nacional Diego Valenzuela.

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